Oralidad y Escritura

 

“La oralidad no es un ideal, y nunca lo ha sido.
Enfocarla de manera positiva no significa enaltecerla
como un estado permanente para toda cultura.
El conocimiento de la escritura abre posibilidades
para la palabra y la existencia humana que resultarían
inimaginables sin la escritura. [...]
Asimismo, la oralidad nunca puede eliminarse por completo:
al leer un texto se le “oraliza”. Tanto la oralidad como el
surgimiento de la escritura a partir de la oralidad son necesarias
para la evolución de la conciencia”.

Walter Ong

La relación entre oralidad y escritura ha sido abordada desde la antigüedad. Platón, en el Fedro y en su Carta VII, expresa severas objeciones sobre la escritura, pues la consideraba una manera inhumana y mecánica de procesar el conocimiento, insensible a las dudas y destructora de la memoria. Lo paradójico de este argumento de Platón es que el filósofo manifestaba por escrito sus reservas sobre la escritura.  Incluso, algunos estudios lingüísticos aún comparten la visión de Aristóteles, quien también consideraba la escritura como un “código de segundo orden” o, para expresarlo en términos más comunes, como una “transcripción gráfica de la lengua oral”.

Por fortuna, diversas investigaciones han logrado establecer las características propias tanto de la oralidad como de la escritura, sus ventajas y desventajas en la práctica comunicativa. Hoy en día, sabemos que unas necesidades comunicativas sólo pueden ser satisfechas culturalmente por medio del discurso oral, mientras que otras sólo pueden serlo por medio del discurso escrito. Esto es muy importante porque pone de relieve que la capacidad de comprender y producir discursos escritos es diferente, y relativamente independiente, de la de comprender y producir discursos orales. Asimismo, no es posible tratar de construir una lógica de la escritura sin investigar a fondo la oralidad de la cual surgió.

LA ORALIDAD

  • Es la primera manifestación del lenguaje verbal humano.
  • La adquieren y la desarrollan todos los hablantes por el sólo hecho de convivir con una determinada comunidad lingüística.
  • Se manifiesta por medio de sonidos articulados producidos por el aparato fonador.
  • Utiliza como canal o vía de transmisión el aire.
  • El mensaje se codifica, por lo tanto, haciendo uso de las cualidades físicas del sonido: timbre, tono, intensidad y cantidad.
  • Es de mayor uso, práctica y frecuencia que la escritura.
  • Es fugaz y, por consiguiente, posee poca duración en el tiempo.
  • Tiene un número limitado de receptores.
  • Permite una modificación inmediata del mensaje y está sujeta a interrupciones.
  • Debido generalmente a la presencia del interlocutor, permite una interacción continua y un proceso permanente de feed back (señal retorno o realimentación): un simple gesto del interlocutor, por ejemplo, le puede indicar al hablante que debe replantear lo que está diciendo.
  • El mensaje se refuerza con recursos adicionales como pausas, cambios de ritmo, de entonación, de tono. La información se complementa con gestos, ademanes, movimientos (códigos extralingüísticos).
  • Con frecuencia, su planeación y organización son simultáneas con su producción.
  • No demanda una esmerada organización gramatical.
  • Es menos refinada, más espontánea y más descuidada que la escritura; esto conlleva a que los errores cometidos durante su emisión posean poca censura social.
  • Siempre tiene lugar en un contexto situacional y físico, es decir, está enmarcada por un conjunto de circunstancias de carácter social, discursivo, psicológico, cultural, espacial y temporal. Estos contextos determinan el acto lingüístico, y es por ello que gran parte de la significación en la oralidad se encuentra por fuera del texto. En muchas ocasiones, cuando hablamos no necesitamos ser demasiado explícitos, ya que parte de la significación de lo que decimos está en el contexto situacional o en el contexto físico. La oralidad nos permite desarrollar destrezas comunicativas y cognitivas vinculadas a situaciones de intercambio oral contextualizado, es decir, la comunicación se asocia a un contexto espacio-temporal y discursivo concreto, a un interlocutor presente y, con mucha frecuencia, a una actividad cotidiana.
  • Es más dinámica e innovadora que la escritura, debido a que facilita el uso de palabras nuevas (neologismos) y de expresiones coloquiales.
  • Cuando hablamos, no tenemos la manera de operar una reflexión metódica sobre lo que decimos. Las psicodinámicas de pensamiento propias de la oralidad no nos permiten autoanalizar nuestro propio pensamiento.

LA ESCRITURA

“La escritura significa la puerta de entrada
a un paradigma nuevo del conocimiento, a una
forma distinta de relacionarnos con la realidad.
Significa aprender a pensar de otro modo”.

Daniel Cassany

  • Aunque aceptamos que no es la primera manifestación del lenguaje verbal humano sino un “sistema secundario de modelado”, queremos advertir con toda claridad  que la escritura NO ES UN SIMPLE SUCEDÁNEO de la oralidad.
  • Se adquiere a partir de una instrucción especial. Para aprender a escribir, es necesario someterse a un largo proceso de formación, de entrenamiento y de práctica. Ese largo proceso exige dedicación y constancia. En contraste con la oralidad, la escritura es completamente artificial, no hay manera de escribir “naturalmente”. Esto se debe a que la escritura está regida por unas reglas que han sido ideadas conscientemente y que son, por tanto, definibles.
  • Se manifiesta por medio de signos gráficos: grafemas y signos de puntuación.
  • Normalmente utiliza el papel como canal o medio.
  • Por consiguiente, el mensaje se codifica mediante esos signos gráficos, esos grafemas y signos de puntuación que se plasman en el papel.
  • Es de menor uso, práctica y frecuencia que la oralidad. Es duradera o estable porque se conserva a través del tiempo y del espacio. Ha permitido fijar y conservar la información. Sin embargo, la escritura no sólo sirve para registrar información y transmitirla a otros, sino que también encierra un enorme potencial epistémico, pues nos permite aprender, adquirir conocimiento, evaluarlo y transformarlo.
  • Puede tener un número ilimitado de receptores.
  • Si el mensaje ya ha sido emitido, no permite una corrección inmediata.
  • La relación entre el emisor (o enunciador) y el receptor (o enunciatario) es indirecta y mediata.
  • Los elementos de los que se dispone para construir el mensaje son de carácter estrictamente lingüístico (grafemas) o paralingüístico (signos de puntuación, espacios, sangrías, negrilla, subrayado, etc.). La información que se trasmite no se puede complementar con el recurso de códigos extralingüísticos.
  • Exige una planeación previa y una organización cuidadosa. Su ejecución siempre debe ser posterior a unas etapas previas de planeación. La planeación debe considerar no únicamente lo que se va a decir, sino también cómo, para qué y a quién se le va a decir. Lo anterior nos recuerda que la escritura es un proceso semiótico complejo que requiere de unas fases o subprocesos cíclicos, de unos momentos creativos que no siguen una secuencia lineal. Esas fases pueden denominarse: invención, redacción de borradores, evaluación, revisión y edición.
  • Demanda una esmerada organización gramatical. Está mejor estructurada que la
  • oralidad. He aquí la explicación de por qué nadie puede pretender escribir de la misma forma como habla.
  • Por ser más refinada y más estructurada que la oralidad, los errores que se cometen en la elaboración de textos escritos tienen una censura social mucho mayor.
  • Carece de contextos situacional y físico, es preciso crearlos lingüísticamente. La escritura establece lo que se ha llamado un lenguaje “libre de contextos” o un discurso “autónomo”. El escritor sabe que por estar aislado de su lector en el tiempo y en el espacio, debe ser lo suficientemente explícito, pues la significación de lo que desea comunicar radicará enteramente en el texto, el cual deberá concentrar, mediante el código lingüístico, todas las pistas que permitan al lector interpretar debidamente la finalidad comunicativa del escritor.
  • Es más conservadora y menos dinámica que la oralidad. El hecho de ser más estable y selectiva en el empleo de palabras y expresiones, hace que la escritura se caracterice por su discreción para aceptar neologismos y formas coloquiales.
  • Para terminar, vamos a referirnos a dos características de la escritura que consideramos de trascendental importancia: sólo la escritura nos permite autoanalizar nuestro propio pensamiento y, por tanto, sólo ella nos conduce a la conquista de nuestro propio YO. Además, nos proporciona modelos –un conjunto de nuevas categorías– que nos permiten ver el lenguaje, el mundo y nuestra mente de una nueva forma. La escritura ha transformado la conciencia humana, la ha vigorizado. En palabras de Walter Ong: “Para vivir y comprender totalmente, no necesitamos sólo la proximidad, sino también la distancia. Y esto es lo que la escritura aporta a la conciencia como nada más puede hacerlo”.
  • Cuando pretendamos saber qué tanto hemos comprendido un texto, el mejor reto será escribir sobre él, porque la escritura nos orienta, nos interroga una y otra vez, discute y dialoga con nosotros mismos, nos exige retornar al texto. Esta posibilidad que nos brinda la escritura de problematizar el acto mismo de escribir, está estrechamente relacionada con la liberación del hombre: función primordial de la educación en general.

Decir que la escritura es una tecnología no significa de ninguna manera que ella sea un proceso meramente técnico, aislado de las relaciones sociales, de condiciones de tipo individual, de tipo textual e, incluso, de tipo pedagógico. La escritura es una técnica que ejerce diferentes funciones en la vida cotidiana, es un instrumento de trabajo que nos permite desarrollar actividades tanto intrapersonales como interpersonales.

“La escritura va más allá de las circunstancias del mundo cotidiano, vivido con certeza  inmediata, y da cuenta de la acción mediante enunciados problematizables y racionalmente discutibles, con pretensiones de universalidad“ (Jurado Valencia y Bustamante Zamudio, 1996:8). Es decir, la escritura rompe con la inmediatez del mundo vital, la trasciende para interpretarla mediante significados indirectamente relacionados con la base material. Cómo negar, además, que la escritura tiene efectos sobre la conciencia del sujeto y que está íntimamente ligada a su deseo.

Debido a su estabilidad y permanencia, la escritura potencia la acción comunicativa al permitir afianzar y acumular las indagaciones realizadas.

Es cierto, las tecnologías son artificiales; pero en el caso de la escritura estamos ante una tecnología que, paradójicamente, se ha vuelto natural (y esencial) para el ser humano. Porque la escritura ha sido interiorizada por el hombre aún más profundamente que la ejecución de la música instrumental. Esta tecnología ha enriquecido el psiquismo del ser humano, ha desarrollado su espíritu y ha intensificado su vida interior. Cualquier tecnología de esta naturaleza, que no degrada la vida sino que, por el contrario, la enriquece, siempre será bienvenida.

BIBLIOGRAFÍA

  • CASSANY, Daniel. Describir el escribir. Barcelona: Paidós, 1993. Funciones, representaciones y prácticas de lo escrito. Actas de las IIIas.
  • Jornadas sobre la Enseñanza de la Lengua Española. Granada: 1997.
  • DÍAZ, Álvaro. Aproximación al texto escrito. Medellín: Editorial Universidad de Antioquia,
  • 1995.
  • FRÍAS NAVARRO, Matilde. Procesos creativos para la construcción de textos. Santafé de
  • Bogotá: Magisterio, 1996.
  • NIÑO ROJAS, Víctor Miguel. Los procesos de la comunicación y del lenguaje.
  • Santafé de Bogotá: Ecoe, 1998.
  • ONG, Walter. Oralidad y escritura. Tecnologías de la palabra. México: Fondo de Cultura
  • Económica, 1987.
  • PARRA, Marina. Cómo se produce el texto escrito. Santafé de Bogotá: Magisterio, 1996.
  • PÉREZ GRAJALES, Héctor. Comunicación escrita. Santafé de Bogotá: Magisterio, 1995.

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